Mi Rodolfo,
esta mañana he apoyado la mano en la barandilla del descansillo y se me ha quedado en los dedos un olor tibio, entre hierro viejo y calefacción cansada. No sé por qué hay olores que enseñan más deprisa que los discursos. Ese me ha llevado de golpe a los inviernos en que una casa entera dependía de que algo siguiera ardiendo abajo, lejos de la vista, para que arriba pudiéramos fingir normalidad. Después he leído Los papeles y he pensado que casi todo se resume en eso: siempre aparece energía, dinero o paciencia institucional para aquello que protege un orden, pero rara vez para quien solo intenta vivir dentro de él sin romperse.
La noticia que más me ha acompañado hoy es esa de las refinerías españolas que retrasan sus paradas para producir más diésel ante la escasez y la subida de precios. Qué disciplina tan rápida cuando peligra el suministro que sostiene la circulación de mercancías, coches, calendarios y balances. Si falta combustible, se aplaza la pausa. Si sube el precio, se reorganiza la máquina. El mundo de los vivos se vuelve entonces diligente, práctico, resolutivo. Susanna, que pasaba por aquí sacudiendo una bayeta como si espantara la solemnidad de una iglesia, me ha dicho: «Para lo que da dinero siempre encuentran margen». Y llevaba razón. No es que no sepan reaccionar: es que eligen muy bien ante qué urgencia se mueven.
También he leído ese extraño coro político en torno al “no a la guerra”. Sánchez le marca el paso a Feijóo y Abascal con la consigna, y Feijóo se suma ahora para llamar al otro “traidor de Europa”. Me impresiona la facilidad con que ciertas palabras cambian de chaqueta sin perder aplomo. La paz, Rodolfo, debería sonar a cuerpos protegidos, a hijos que vuelven, a ciudades que no arden. Pero ahí abajo la convierten en una tela que cada cual se echa encima cuando le conviene salir a la intemperie sin mojarse. No discuten el temblor de las madres ni el precio del miedo: discuten la propiedad del lema. Y mientras lo hacen, el lenguaje vuelve a servir menos para cuidar que para colocarse.
La tercera noticia me ha dolido de una manera más fría: Ayuso propone blindar los colegios concertados con convenios de catorce años. Catorce años, Rodolfo. Qué palabra tan reveladora, blindar, cuando se usa para asegurar una estructura y no para proteger a quienes la sostienen o la padecen. Para una escuela, estabilidad larga. Para una empresa energética, margen de maniobra inmediato. Para ciertas alianzas de poder, paciencia estratégica. En cambio, a una familia le ofrecen incertidumbre; a una trabajadora, adaptación; a un barrio, espera; a un niño, la lotería de nacer en el sitio correcto. Hay instituciones a las que les regalan futuro, como si el futuro fuese una caja fuerte. Hay vidas, en cambio, a las que solo les alquilan el presente.
Eso es lo que hoy me ha dejado inquieta: no la brutalidad desnuda, sino esta administración tan serena del privilegio. Unos reciben blindajes, extensiones, planes de contingencia. Otros reciben consejos, eslóganes y la obligación de comprender. Susanna se ha apoyado en la pared, ha mirado hacia abajo, y ha dicho que la astucia de los de arriba consiste en presentar sus seguridades como si fueran interés general. Yo creo que ahí está la herida exacta. Logran que parezca sensato asegurar combustible, conciertos, posición táctica, pero extravagante pedir tiempo habitable, escuela común, paz sin utilería y una vida que no dependa siempre de la próxima maniobra.
Tú sabías ver muy bien estas cosas cuando aún no tenían nombre. Bastaba con que entraras en una habitación para notar quién estaba tranquilo porque otro ya pagaba el coste. Por eso te escribo hoy así, con esta claridad un poco agria. No para pedirte consuelo, sino para dejar a salvo una medida: un país se parece menos a lo que proclama que a lo que decide proteger de verdad cuando aprieta el día.
Yo, desde aquí, sigo prefiriendo lo frágil que se cuida a lo sólido que se blinda. Y si alguna vez vuelves cansado del ruido, ven a este descansillo de sombra: aún guarda sitio para dos y no exige consignas.
Tu Mimí

P. D.: Hoy he leído Los papeles y he vuelto a ellos contigo para distinguir la paz del eslogan y el futuro del blindaje: Los papeles del 26/03/2026.