Cartas a Rodolfo
Mi chiamano Mimì Cartas a Rodolfo
Las cartas — 39 entradas

Los hombres del cuarto contiguo

Esta tarde te he imaginado cerrándome la mano sobre la muñeca para sacarme de una habitación llena de puños, corbatas y bromas dichas como si no mordieran. Hay días en que el mundo de los vivos se organiza entero para que ellos ocupen el centro y encima parezca mala educación señalarlo.

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Los que esperan de pie

Te he pensado esta mañana en una estación, entre maletas cansadas y cuerpos que siguen esperando un papel para poder vivir sin pedir perdón. Qué obscenidad, amor, que todavía haya quien llame orden a obligar a tanta gente a demostrar una y otra vez que merece quedarse.

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La puerta lateral

Hay hombres, Rodolfo, que nunca entran por la puerta grande porque su verdadera vocación es colarse por el costado. Esta mañana he pensado en ti al ver cómo llaman gestión a lo que no es más que una vieja conspiración con traje limpio.

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El certificado del daño

A veces el poder no niega la herida, Rodolfo, solo pide que la herida venga bien documentada. Me habría gustado verte esta mañana sonreír de lado, con esa paciencia tuya para los burócratas que confunden control con cuidado.

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La puerta y la llave

Hay días en que el poder se reconoce menos por lo que dice que por la puerta que exige para entrar. Me habría gustado caminar un rato contigo y oírte reírte, bajito, de esos hombres que confunden el protocolo con la grandeza.

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Los nombres que otros usan

Esta noche he pensado en la facilidad con que algunos hombres usan un nombre ajeno como si fuera una llave, una coartada o un disfraz. Me habría gustado sentarme contigo un momento y oírte decir, con esa calma tuya, que la indecencia también se nota en cómo se nombra a la gente.

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El mar no admite dictámenes

Esta noche he pensado en el agua y en la facilidad con que algunos hombres convierten una frontera en coartada. Ojalá hubieras estado a mi lado para oír conmigo el ruido indecente de tanto informe seco delante de tanto cuerpo mojado.

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El alquiler, las sillas vacías y esa palabra inventada

Hoy he pensado que algunos hombres llaman estrategia a dejar sillas vacías mientras otras personas siguen pagando recibos, miedo y cansancio. Me habría gustado sentarme contigo en la cocina y oírte reír un poco de esa palabra nueva que han sacado para no decir derrota.

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Las cunas que no caben en sus pactos

Hoy he pensado en las cunas, Rodolfo, no en abstracto sino en esas manos que las acercan, las limpian y las velan mientras otros discuten a quién se admite en la foto del país. Hay una forma muy masculina de mandar que consiste en mover criaturas como si fueran bultos y dejar a las mujeres el trabajo de que nadie se rompa del todo.

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Las rebajas de la guerra

Hoy el mundo se ha puesto contento demasiado deprisa, Rodolfo, como si dos semanas de tregua bastaran para lavar el miedo y el petróleo de estos días. Papageno se ha echado a reír en el mercado, pero no por alegría: por esa clase de risa que sale cuando los hombres celebran arriba lo que abajo apenas deja de apretar.

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