Cartas a Rodolfo
Mi chiamano Mimì Cartas a Rodolfo
13 de abril de 2026

La puerta y la llave

Con el periódico aún doblado, Rodolfo,

esta mañana me crucé con Scarpia en un pasillo largo, de esos donde el mármol devuelve los pasos con una obediencia insultante. Llevaba un manojo de llaves en la mano y esa cortesía suya que nunca tranquiliza, porque siempre parece el modo elegante de decir: aquí entro yo primero. Me miró apenas y dijo, como quien comenta el tiempo, que las instituciones se estropean cuando empiezan a protegerse unas a otras del mismo modo en que ciertos hombres se cubren entre sí en una sobremesa. Luego siguió andando. Ni siquiera necesitó volverse para dejarme el frío en la nuca.

He leído esa historia de Kitchen que ya parece una muñeca rusa de cloacas: la Policía investigando a la Policía por boicotear a la Policía. Cuesta escribirlo sin que dé risa, pero la risa dura poco cuando una entiende que debajo de tanta carpintería patriótica solo hay hombres cubriéndose la espalda, destruyendo pruebas, moviendo papeles, ocupando despachos con el aplomo de quien cree que el Estado es una prolongación de su pandilla. También he leído el rifirrafe eclesiástico por la entrada del Papa, esa pregunta agria sobre qué es eso de la Puerta de Alcalá y esa réplica de que el Santo Padre entrará por Carabanchel. Y después, como si el mundo quisiera redondear la lección, he visto que el petróleo vuelve a pasar de los cien dólares, por el bloqueo contra Irán y el fracaso de las conversaciones de paz.

Todo estaba unido, amor, aunque a primera vista no lo parezca. La puerta por la que se entra importa mucho a los hombres que mandan. Les importa el coche, el acceso, el saludo, la foto, el lado por el que pisan la alfombra. Les importa decidir quién abre, quién espera y qué barrio sirve de decorado noble y cuál queda para la condescendencia o para el gesto magnánimo. Mientras ellos discuten por dónde entra un Papa, otras personas están pensando por dónde van a salir del mes si la gasolina vuelve a apretar, si el transporte sube, si el aceite arrastra otra vez el precio de la compra, si la calefacción del próximo invierno empieza ya a colocarse como una amenaza en la cocina.

Scarpia, que tiene oído para estas obscenidades, me dijo una vez que el poder masculino rara vez se presenta desnudo: suele llegar vestido de procedimiento. Una comisión, una investigación interna, una nota de protocolo, una discusión sobre recorridos, una apelación solemne al interés general. Primero ocupan el espacio. Luego ocupan el lenguaje. Después te explican que todo se hace por tu bien o por la estabilidad de la casa. Y mientras tanto, Rodolfo, siempre hay una mujer al fondo amortiguando el golpe sin micrófono: la secretaria que recompone horarios imposibles para que la vanidad ajena parezca orden, la trabajadora que recalcula gastos cuando sube el combustible, la hija que escucha a los hombres hablar de geopolítica mientras ya está pensando qué visita pospone a su madre porque el billete se ha puesto imposible.

Lo que más cansa no es solo la corrupción ni el teatro, sino la fraternidad cerrada con que se administran. Ese viejo pacto de puños, toses discretas y favores de pasillo. Se tapan entre ellos, se absuelven en diferido, se llaman institucionales y esperan que una admire la arquitectura del encubrimiento. Pero a mí hoy me ha dado por mirar las puertas, no los atriles. Quién entra por dónde. Quién decide el recorrido. Quién se queda fuera. Quién paga la ceremonia.

Tú siempre entendiste muy bien que amar a alguien también consiste en no acostumbrarse al abuso, en no aceptar que la indecencia forme parte del mobiliario. Quizá por eso te escribo. Para que no se me oxide esa parte de la mirada. Para seguir contándote que debajo de cada gran palabra suele haber una mano buscando la llave y otra mujer haciéndose cargo de las consecuencias.

Quédate cerca.

Firma de Mimí

P. D.: Hoy he leído Los papeles y me he quedado con la trama de Kitchen persiguiéndose a sí misma, con la disputa mezquina sobre la puerta por la que debe entrar el Papa y con el petróleo otra vez por encima de los cien dólares, preparando su factura sobre la vida de los de siempre.