Mi Rodolfo,
hoy he pensado en aquella buhardilla: nosotros con frío y una vela, pero al menos sin ministros del estruendo. Ahora abajo abundan los hombres que golpean la mesa como si eso fuera gobernar, y cada golpe suena un poco más hueco.
PP y Vox continúan en su equilibrio imposible: se necesitan para mandar y se sabotean para sobrevivir. No construyen estabilidad; administran tensión con sonrisa de rueda de prensa.
Al mismo tiempo, la izquierda se juega algo menos romántico y más serio: convertir afinidades en arquitectura útil. Si cada matiz se convierte en trinchera, no habrá bloque progresista, habrá archipiélago sentimental.
Y mientras discuten banderas, Ormuz aprieta el cuello de la economía real. El viejo truco de separar política exterior e interior ya no cuela: la geopolítica llega en forma de precio, alquiler y ansiedad cotidiana.
En mitad del día me vino Nabucco a la cabeza: coros enteros pidiendo patria mientras el hambre seguía esperando en la puerta.
Europa insiste en declararse adulta, pero sigue comportándose como un conjunto de egos con himno compartido. Habla de soberanía y actúa a plazos.
No te diré que todo está perdido; te diré algo peor: todo está en manos de quienes crean que gobernar no es actuar, sino sostener.
Esta tarde me crucé con Cio-Cio-San junto al puente de niebla. Me miró y sonrió como quien conoce de sobra el precio de esperar promesas.
Te escribo mañana.
Siempre tuya.

P. D.: Hoy he leído estos papeles para no perder el hilo del mundo: Los papeles del día.