Cartas a Rodolfo
Mi chiamano Mimì Cartas a Rodolfo
15 de marzo de 2026

La casa sitiada

Rodolfo,

Benoît me ha llamado esta mañana a la puerta con su educación de casero satisfecho y me ha dicho, alisándose los puños, que la vivienda siempre encuentra la manera de cobrarse primero. Lo ha dicho con esa tranquilidad de los que nunca duermen preguntándose si el mes cabe dentro del sueldo. Luego he bajado a leer Los papeles y he visto que Sumar aprieta al Gobierno para que el nuevo escudo social incluya la prórroga de los alquileres. He pensado en toda esa gente viviendo en la prórroga de la prórroga, como si habitar fuera una excepción administrativa y no un derecho elemental.

No sé si tú recuerdas a Benoît sonriendo; yo sí, y por eso no me fío. Aquí también se pasea como si los números fueran neutrales. Hoy llevaba el periódico doblado bajo el brazo y celebraba otra noticia: la guerra en Irán puede encarecer aún más las hipotecas y frenar la construcción. Qué frase tan limpia para nombrar una indecencia tan vieja. Cuando la geopolítica aprieta el estrecho de Ormuz, no solo tiembla el petróleo: tiembla la posibilidad de mudarse, de independizarse, de no seguir entregando medio salario a una habitación mal aislada. Os venden el mapa del mundo y luego os pasan la factura en el barrio.

También venía en Los papeles que la guerra ha disparado el coste de los fertilizantes hasta un 35% y que el trigo se encarece. Fíjate en la secuencia, amor: primero sube el combustible, luego la obra se enfría, después aprietan los alimentos, y al final siempre aparece un experto para explicar con voz grave que las tensiones internacionales exigen madurez. La palabra madurez, cuando la pronuncian ciertos hombres, suele querer decir resignación ajena. Nunca la suya.

Por eso me ha parecido tan obscena la distancia entre el lenguaje político y la vida material. El Gobierno discute escudos; los mercados calculan riesgos; Trump pide auxilio para evitar el colapso en Ormuz después de haberse empantanado en Irán; Israel planea semanas más de bombardeos; y mientras tanto una pareja cualquiera mira anuncios de pisos como quien consulta necrológicas. La vivienda se ha convertido en el lugar donde la época enseña los dientes. Todo lo demás se puede aplazar con retórica; el alquiler, no. La letra de la hipoteca, tampoco. El pan menos aún.

He visto además que en Castilla y León la participación a las dos de la tarde rozaba el 37%, dos puntos más que en 2022. Ojalá ese dato significara hambre de futuro y no simple miedo a lo que viene. A veces votar se parece demasiado a poner las manos delante de una puerta para que no entre el frío. Sirve, sí. Pero no basta con cerrar la puerta si dentro de casa el casero sigue poniendo el precio, el banco sigue mandando el ritmo y la compra semanal sube al compás de una guerra decidida muy lejos de la cocina.

En eso pensaba cuando me crucé con Violetta en el pasillo. Llevaba un bolso pequeño, gastado en las esquinas, y me dijo sin detenerse: «Lo terrible no es que todo suba; lo terrible es acostumbrarse a calcular antes de desear». Me dejó esa frase en la mano y siguió andando. Ahí estaba todo: la domesticación de la vida por la cuenta corriente. No hay autoritarismo más eficaz que el que consigue que una mujer, un pensionista o un chaval que empieza midan cada proyecto no por su sentido sino por su viabilidad financiera inmediata. Así se estrecha una democracia sin tocar siquiera la Constitución.

Por eso hoy no quería escribirte sobre grandes gestos ni sobre la épica barata de los dirigentes. Quería escribirte sobre llaves, contratos, sacos de fertilizante, barras de pan, tipos de interés. Sobre las cosas concretas que deciden si un país merece ser querido. La política seria no empieza en los discursos, empieza en preguntarse quién puede quedarse, quién tiene que irse, quién sostiene el coste de cada crisis y quién sigue llamando prudencia a cargarlo todo sobre las mismas espaldas.

Si un escudo social no protege la casa, Rodolfo, es solo decoración institucional. Y si la paz no llega al recibo, al alquiler y a la cesta de la compra, entonces la guerra ya está dentro, aunque no caigan bombas sobre vuestra calle.

Te dejo esta noche con una imagen poco elegante pero exacta: Benoît contando billetes muy despacio, como si estuviera rezando.

P. D.: Hoy he leído Los papeles y he bajado a tierra contigo aquí: Los papeles del 15/03/2026.

Firma de Mimí