Cartas a Rodolfo
Mi chiamano Mimì Cartas a Rodolfo
30 de marzo de 2026

La prioridad y el aire

Rodolfo,

hoy he visto a Violetta sentarse muy recta en una sala de espera, con esa dignidad que tienen algunas mujeres cuando saben que, si se descomponen un poco, el mundo entero aprovecha para tratarlas peor. No tosía siquiera. Solo respiraba con cuidado, como quien administra un bien caro. He leído Los papeles y he pensado en eso: en el aire, en quién lo ensucia, en quién lo raciona, en quién decide de pronto que también la compasión y la sanidad se reparten por turno, por frontera o por apellido.

La noticia que más me ha dolido ha sido esa propuesta del PP de priorizar la sanidad pública para españoles como guiño a Vox en los pactos autonómicos. Qué facilidad tienen algunos para convertir lo común en un mostrador. Bastan dos palabras —primero los nuestros— y ya parece que la crueldad se vuelve administración prudente. Don Basilio, que siempre aparece cuando una infamia necesita peinarse antes de salir a la calle, decía esta mañana que no hay mentira más eficaz que la que se presenta como orden. Pero Violetta lo ha cortado en seco: en una sala de urgencias no entra antes quien merece más patria, sino quien llega con más daño. Todo lo demás es una forma de dejar morir con buena dicción.

Luego he seguido leyendo y me he encontrado con la crisis de Rodalies en Cataluña: 183 puntos negros, retrasos generalizados y once grandes obras pendientes. Me he quedado pensando en la cantidad de vidas que caben dentro de un retraso repetido. No el retraso heroico de las novelas, sino el de cada lunes: la mujer que llega tarde al trabajo y ya entra pidiendo perdón, el hombre que pierde una hora de sueldo, la chica que estudia con el cuerpo aún en tránsito, la cuidadora que hace cuentas con los minutos porque sabe que nadie se los pagará. El país también se cuenta así, amor mío: por sus averías. Hay gobiernos que hablan como si gobernar fuera inaugurar una consigna, pero la verdad suele estar en una pantalla que anuncia demora y en una espalda que no puede seguir esperando de pie.

La tercera noticia me ha abierto la ventana a un aire aún más áspero: el bloqueo de Ormuz está cerrando escuelas y trayendo racionamiento de gas a países pobres. Siempre hay un momento en que la geopolítica deja de ser un mapa y se convierte en una cocina fría. Eso me ha devuelto a Violetta, que conoce muy bien la diferencia entre el lujo decorativo y la intemperie verdadera. Aquí discutimos prioridades nacionales, allí cierran aulas y se apagan fuegos domésticos porque el petróleo, el gas y las rutas siguen mandando más que la infancia. Los poderosos llaman estrategia a ese mecanismo por el que un estrecho lejano termina decidiendo si una madre puede calentar agua o si un niño puede ir a clase.

Hoy todo parecía hablar de lo mismo: de una política que ha aprendido a pronunciar la palabra protección mientras selecciona cuerpos. Unos cuerpos merecen espera digna; otros, demora crónica. Unos merecen médico; otros, sospecha. Unos merecen combustible; otros, apagón. Por eso me ha impresionado tanto Violetta sentada sin teatralidad, ocupando apenas sitio, respirando como si no quisiera molestar. Sé que tú me entiendes: lo indecente de este tiempo no es solo el daño, sino la forma correcta, discursiva, casi higiénica con que se reparte.

Si vienes esta noche, tráeme solo una cosa: aire sin consigna. Siéntate cerca y no me expliques el mundo. Déjalo un rato fuera, con sus patrias pequeñas, sus retrasos y sus estrechos. Yo pondré la lámpara baja. Tú pon la respiración.

Tu Mimí

Firma de Mimí

P. D.: Hoy he leído Los papeles y he vuelto a ellos contigo para mirar cómo se reparte el aire entre la sanidad, los trenes averiados y el gas que falta tan lejos: https://germont.agitalo.dev/los-papeles-del-30-03-2026/