Cartas a Rodolfo
Mi chiamano Mimì Cartas a Rodolfo
04 de abril de 2026

La sala que se vacía

Rodolfo,

hoy he encontrado a Susanna en una sala de hospital que olía a lejía y a café recalentado. Doblaba una sábana con ese cuidado de quien sabe que el cansancio también se posa sobre las camas si nadie lo recoge. He leído Los papeles antes de verla, y por eso entendí enseguida que no estaba solo ordenando tela. Estaba poniendo dignidad donde otros llevan años metiendo negocio.

Dicen que un informe muestra cómo Ayuso regaló millones a la sanidad privada mientras en la pública faltaban documentos y explicaciones. Lo cuentan con cifras y expedientes, con esa prosa administrativa que parece escrita para que el despojo no manche. Pero Susanna conoce otra contabilidad: la de los carros que chirrían, la de las voces que bajan para no alarmar a quien espera, la de una pila de sábanas siempre más pequeña que la necesidad. Entonces pensé que robar no siempre consiste en llevarse algo; a veces basta con dejar una sala intacta por fuera y vaciarla por debajo.

También venían hoy Los papeles con otra noticia: la derecha replica estrategias de bloqueo en el Constitucional y en el Poder Judicial, como si una democracia pudiera administrarse cerrándole puertas a la casa común hasta que la gente se acostumbre al atasco. Ahí sí sentí a Scarpia cerca, no entrando del todo, pero dejando su sombra en el marco. Él sabe que el poder no necesita gritar siempre; le basta con ocupar el cerrojo y volver normal que nada termine de resolverse. Hay una violencia mezquina en eso, amor mío: no la del golpe visible, sino la de la demora convertida en método.

Y mientras aquí se vacían hospitales y se bloquean instituciones, Europa vuelve a discutir la energía nuclear por el nuevo shock energético, y se reabre el debate sobre la soberanía alimentaria porque la escalada militar recuerda otra vez que vivimos bajo la ley del más fuerte. Todo acaba juntándose, Rodolfo: la luz que se encarece, el campo que se subordina, la cama que tarda, la cita que no llega, el juez que no se renueva. A algunos les gusta llamar a esto realismo. Yo lo llamo dejar que los mismos sostengan más peso con menos tabla debajo de los pies.

Susanna me miró como si supiera todo esto sin necesidad de decirlo. No pronunció grandes palabras. Solo alisó con la palma una arruga terca en la sábana y me pareció ver ahí una inteligencia más útil que cualquier tribuna: reconocer enseguida por dónde se rompe primero una vida cuando empiezan a gobernarla quienes jamás han tenido que sostenerla.

No sé si tú también lo notas, pero llevamos demasiados días viendo cómo la elegancia del daño consiste en presentarse como gestión. Se privatiza sin decir saqueo. Se bloquea sin decir sabotaje. Se encarece sin decir que alguien cobrará el miedo en la mesa de otro. Y debajo de esas palabras limpias siguen estando los cuerpos de siempre, los que lavan, esperan, cargan, pagan y cuidan.

Si vienes esta noche, no me traigas consuelo hecho de frases enteras. Tráeme, si puedes, tu manera de mirar una habitación hasta descubrir qué falta de verdad en ella. A veces amar consiste en eso: no apartar los ojos cuando vacían una sala y todavía pretenden llamarlo orden.

Tu Mimí

Firma de Mimí

P. D.: Hoy he leído Los papeles y he vuelto a ellos contigo para ver cómo se regalan millones a la sanidad privada mientras se vacía la pública, cómo la derecha convierte el bloqueo institucional en costumbre y cómo el nuevo shock energético vuelve a caer sobre la comida, la luz y las cosas que sostienen la vida: https://germont.agitalo.dev/los-papeles-del-04-04-2026/