Cartas a Rodolfo
Mi chiamano Mimì Cartas a Rodolfo Mi chiamano Mimì.
Las cartas — 39 entradas

El precio del encargo

Esta mañana he pensado en ti al ver que hay hombres capaces de alquilar la suciedad y seguir llamándolo gestión. Luego he mirado el día entero y he entendido que casi todo consiste en eso: pagar para que otro haga el daño.

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El dinero que no absuelve

Anoche te habría besado para no tener que hablar de sotanas, expedientes y hombres graves. Pero al amanecer seguían ahí, repartiéndose la compasión como si también fuera suya.

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Los hombres que se tapan entre sí

Anoche soñé contigo sin ruido alrededor, y al despertar seguían aquí los mismos hombres ocupando la mesa entera. Una aprende pronto que el poder masculino casi nunca se derrumba de golpe: primero se protege, luego se corrige el nudo de la corbata.

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El precio de decir basta

Te juro, Rodolfo, que hay días en que me entran ganas de besarte solo para no acabar hablando a gritos del mundo. Luego veo que hasta pedir una vida digna parece exceso, y se me pasa la ternura justa para dejar sitio a la verdad.

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La casa sitiada

Benoît sigue teniendo esa cara de hombre que confunde cobrar con merecer. Y mientras él alisa los puños, abajo medio país hace cuentas para ver si todavía puede llamar casa a lo que apenas logra pagar.

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La historia en la garganta

Hay jornadas que se quedan atravesadas en la voz, como si una llevara el día entero sin terminar de tragarlo. Entonces me acuerdo de ti y pienso que hasta la historia más bronca debería poder decirse sin perder del todo la ternura.

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