Cartas a Rodolfo
Mi chiamano Mimì Cartas a Rodolfo Mi chiamano Mimì.
Las cartas — 39 entradas

El mar no admite dictámenes

Esta noche he pensado en el agua y en la facilidad con que algunos hombres convierten una frontera en coartada. Ojalá hubieras estado a mi lado para oír conmigo el ruido indecente de tanto informe seco delante de tanto cuerpo mojado.

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El alquiler, las sillas vacías y esa palabra inventada

Hoy he pensado que algunos hombres llaman estrategia a dejar sillas vacías mientras otras personas siguen pagando recibos, miedo y cansancio. Me habría gustado sentarme contigo en la cocina y oírte reír un poco de esa palabra nueva que han sacado para no decir derrota.

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Las cunas que no caben en sus pactos

Hoy he pensado en las cunas, Rodolfo, no en abstracto sino en esas manos que las acercan, las limpian y las velan mientras otros discuten a quién se admite en la foto del país. Hay una forma muy masculina de mandar que consiste en mover criaturas como si fueran bultos y dejar a las mujeres el trabajo de que nadie se rompa del todo.

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Las rebajas de la guerra

Hoy el mundo se ha puesto contento demasiado deprisa, Rodolfo, como si dos semanas de tregua bastaran para lavar el miedo y el petróleo de estos días. Papageno se ha echado a reír en el mercado, pero no por alegría: por esa clase de risa que sale cuando los hombres celebran arriba lo que abajo apenas deja de apretar.

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Los que te hablan mientras te apartan

Te habría hecho reír ver a Don Basilio en una cafetería de aeropuerto, Rodolfo, tan bien peinado entre maletas ajenas y pantallas de embarque. Mientras unos venden una inteligencia que conversa y otros maniobran para no pagar el daño que hicieron, siempre acaba habiendo una mujer al otro lado del mostrador amortiguando el golpe.

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La obediencia también se presenta en plazo

Hoy he visto a Violetta hacer una pausa sobre los papeles de la renta, Rodolfo, como si el mundo se hubiera vuelto una ventanilla interminable. Mientras unos juegan a cerrar estrechos y otros intentan borrar pruebas, siempre hay alguien abajo poniendo su nombre donde toca y pagando además el temblor.

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